Política

La representación teatral en el Santo Domingo colonial

El teatro también se llevó a las calles, plazas mayores y plazas contiguas a las iglesias y ermitas, donde se levantaban los “tablados al uso” o simplemente “tablados”, que eran teatros provisionales donde se realizaban representaciones escénicas entre ellas comedias, autos, obras breves, entremeses y sainetes. El abogado martiniqués Médéric Moreau de Saint-Méry, narra que en la plaza se representaban óperas y una especie de farsas, que se realizaban al caer la tarde y se iluminaban por la noche con antorchas. A estas representaciones iba todo el pueblo y si la actividad estaba ligada a una efeméride religiosa, también participaban los esclavos negros

Dia de Reyes en La Habana, Victor Patricio Landaluze (siglo XIX). El concepto de teatro es muy amplio pues está relacionado a la actuación y la representación, que tiene una base literaria, un guión o un argumento escrito por alguien para ser representado ante un público. El teatro se desarrolló a partir de las festividades llevadas al archipiélago de Las Antillas de mano de los colonizadores españoles que lo utilizan como una herramienta de entretenimiento, de propagación de ideas y de propaganda monárquica.

Las primeras manifestaciones teatrales en las islas del Caribe surgen a principios del siglo XVI, al igual que nacen los primeros literatos y poetas criollos. Tal como señala Pedro Henríquez Ureña, en su libro “La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo publicado en 1936, “el gran número de hombres ilustrados que la ciudad de Santo Domingo albergó en el siglo XVI preparó el ambiente para la aparición de escritores nativos”. Pero no solo fueron hombres, pues la isla de Santo Domingo tiene el privilegio de que en sus tierras naciera la primera mujer poetisa en el Nuevo Mundo. Se trata de doña Leonor de Ovando, priora del convento femenino Regina Angelorum, quien escribió cinco sonetos y unos versos, y redactó cartas muy interesantes, que son hoy objetos de estudios. Esta poetisa, de padres extremeños nació en la ciudad de Santo Domingo en el siglo XVI. Otra poetisa que nació en Santo Domingo fue doña Elvira de Mendoza, quien junto a su esposo Eugenio de Salazar escribió “Cantares de Santo Domingo.

También se destacaron por su literatura Juan de Guzmán, Francisco de Liendo, el padre Diego Ramírez, fray Alonso Pacheco, Cristóbal de Llerenas y fray Alonso de Espinosa, así como el abogado Francisco de Tostado de la Peña, autor del primer soneto conocido en el Nuevo Mundo, titulado “Heroico ingenio del sutil Tostado’’, entre otros. Además, algunos españoles se inspiraron y escribieron desde tierras caribeñas como el mercedario Gabriel de Téllez o mejor conocido por su seudónimo Tirso de Molina, dramaturgo, poeta y narrador, y que escribió, entre otras, “El burlador de Sevilla”, obra que se dice está inspirada en la vida amorosa de don Luis Colón. También, el sacerdote Juan de Castellano que estuvo por varias islas del Caribe, escribió “Elegía de varones ilustres de Indias” (1570), de 113.609 versos endecasílabos en tres octavas reales, considerado el poema más extenso, y el “Discurso del Capitán Francisco Drake”, entre otros. Casi todas estas obras se representaban, por eso en ese momento, el teatro y la dramatización eran un recurso muy utilizado.

La iglesia, también aprovechó los recursos escénicos y dramáticos, para divulgar la liturgia, el mensaje bíblico, la historia de Cristo, de los santos, de la virgen, así como los valores del cristianismo. Por lo general, en las iglesias se representaba la Epifanía, el día de Pentecostés, la visita al sepulcro, la Pasión de Cristo, Corpus Christi, Imposición del cíngulo de la castidad a Santo Tomás de Aquino y las fiestas de Nuestra Señora, entre otros. Las efemérides religiosas se extendían para dar paso a presentaciones teatrales. Tal es el caso de la fiesta en honor a la Nuestra Señora de las Mercedes, donde todas las noches hay saraos y danzas en la iglesia a la manera de los seises sevillanos, con danzas de “hombres y mujeres cubiertas, con mucha gala y bizarría”.

Asimismo, en las universidades y los colegios mayores, también se realizaban representaciones dramáticas como ejercicio literario donde los estudiantes se convertían en actores de las comedias, tragedias, entremeses y otros actos que se representaban. Esta actividad estaba regulada en sus estatutos. En la Universidad de Santiago de la Paz y de Gorjón, fundada en Santo Domingo en 1558, al momento de promulgar su constitución el 25 de mayo de 1583, en el artículo 34 dispone que se debe hacer una representación anual de una comedia o tragedia en latín con algunos entremeses en romance de cosas que no sean torpes, y que para los gastos y premios a los mejores actores de esta actividad se destinaban 300 reales.

En un principio las representaciones se realizaban en el interior de la iglesia, pero en la segunda mitad el siglo XVI surge la representación teatral autónoma totalmente ajena a las ceremonias religiosas, se deja de usar el interior de las iglesias como espacio de teatro y se comienzan a realizar las representaciones en los pórticos, el atrio y las plazas contiguas a las iglesias. Estas representaciones dentro y fuera del templo, vinculadas o no a la fiesta litúrgica y civil, traen cierta discrepancia en la población colonial, llegando a ser consideradas por los moralistas como demasiadas jocosas, indignas y hasta vulgares. En ese momento se comenzó a utilizar un lenguaje más sencillo, incluso vernáculo, vestimentas con mayor libertad de diseños, bailes más llamativos, el uso de carros y otros elementos escenográficos. El teatro se convirtió en el evento social más importante de las colonias y muchos dejaban de hacer sus labores para ensayar y participar. En Santo Domingo para la fiesta del cíngulo de santo Tomas, se cierran las aulas y los estudiantes invaden la ciudad.

Por esta razón, las críticas y acusaciones al teatro surgieron de inmediato. Por ejemplo, el 23 de junio de 1588, Cristóbal de Llerena representó en las gradas de la catedral de Santo Domingo un entremés, cuyo contenido fue criticado a tal punto que el autor fue suspendido de sus tareas como docente y se le impuso varios meses de prisión. Otro evento sucedió en 1740, también en el atrio de la catedral, cuando un grupo de clérigos actores presentaron la noche de Navidad y en ese momento el espectáculo fue criticado por tener “entremeses profanos e indecentes”, causando un escándalo en la sociedad del momento. Asimismo, en 1663, el arzobispo de Santo Domingo, Francisco de la Cueva y Maldonado, se molestó porque las comedias que encargó a los estudiantes universitarios por motivo de las fiestas del Rosario provocaron que reprobaran una asignatura ya que dedicaban “más de dos meses a los ensayos, faltando a sus estudios”. Por tal motivo prohibió “so pena de excomunión,” la intervención activa de los estudiantes en el teatro.

Las viviendas de los principales también era escenario para el teatro y la excusa para visitarse unos a otros y relacionarse. Asimismo, en el palacio del gobernador se realizaban obras religiosas y comedias populares que gustaban mucho. Pero, en 1771, en plena Ilustración, el gobernador y capitán general de Santo Domingo don José Solano y Bote y su esposa doña Rafaela Ortiz, quisieron cambiar esta costumbre por funciones teatrales realizadas por jóvenes actores con invitados selectos prohibiendo la entrada al pueblo. Esto causó mucha molestia en la sociedad a tal punto que la queja llegó a España, pues ya el teatro estaba arraigado en la sociedad.

El teatro también se llevó a las calles, plazas mayores y plazas contiguas a las iglesias y ermitas, donde se levantaban los “tablados al uso” o simplemente “tablados”, que eran teatros provisionales donde se realizaban representaciones escénicas entre ellas comedias, autos, obras breves, entremeses y sainetes. El abogado martiniqués Médéric Moreau de Saint-Méry, narra que en la plaza se representaban óperas y una especie de farsas, que se realizaban al caer la tarde y se iluminaban por la noche con antorchas. A estas representaciones iba todo el pueblo y si la actividad estaba ligada a una efeméride religiosa, también participaban los esclavos negros.

Una plaza muy concurrida y donde se realizaban buenos espectáculos en la ciudad de Santo Domingo era la de la iglesia de san Andrés, donde se realizaba un tablado entre el hospital, la iglesia y el cementerio. También se montaba tablado en la plaza mayor al lado de la catedral, en la plaza frente a la iglesia de las Mercedes y en todas las plazas que estaban al lado de iglesias. En San Juan de Puerto Rico, en La Habana, Cuba y en todas las ciudades españolas del Caribe, fueran estas grandes o pequeñas, existen registros de tablado en la plaza mayor o en las plazas contiguas a las iglesias. Además, en todo el Caribe hay informes de representaciones teatrales en iglesias y residencias. Sin duda alguna, el teatro se convirtió en la vida de la sociedad colonial caribeña. _________________________________________________ Este artículo forma parte de las investigaciones realizadas en el proyecto “Connected Worlds: The Caribbean, Origin of Modern World”, dirigido por Consuelo Naranjo Orovio desde el Instituto de Historia-CSIC, España y financiado por la Unión Europea, Horizonte 2020, código Nº 823846.

Tablado callejero en Alcalá de Henares. Teatro ambulante, Francisco de Goya (1793). Noticia anterior Muerte de un gran sacerdote Noticia siguiente Suplidores escolares protestan frente a Inabie por declaraciones de nuevo titular Virginia Flores-Sasso Investigadora del Centro de Estudios Caribeños. PUCMM Mantente informado! Recibe en tu correo actualizaciones diarias

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