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Y el día que Gignac mató al fanfarrón con su indiferencia

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Y el día que Gignac mató al fanfarrón con su indiferencia

4:37 PM ET

Rafa Ramos

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es columnista de ESPNDeportes.com y conductor de Raza Deportiva en ESPN Deportes Radio. Ha cubierto seis Copas Mundiales para diferentes medios escritos y electrónicos. Durante 11 años fue columnista y reportero en el Diario La Opinión de Los Ángeles. Síguelo en Twitter: RafaRamosESPN . LOS ÁNGELES — André Pierre Gignac. El fantasma. El rescatista. El apagafuegos. Y puede ser hasta el hombre del traje gris de Sabina. Pero hoy, es el hombre récord de Tigres: 105 goles.

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Y ése, el 105, ése, el que lo pone un tabernáculo por encima de Tomás Boy en la iglesia pagana de Tigres, además, como otras veces, incluye la ofrenda de los tres puntos: 1-0 a Pumas.

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Puede faltar a todas las citas, pero nunca a las citas con el destino. Puede ausentarse de todas las convocatorias que le impone la fanaticada de Tigres, pero nunca a la convocatoria de su propia historia.

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Este domingo pone su estandarte en tierra virgen para llevar a Tigres a la Tierra Prometida de la victoria. Nunca le había marcado a Pumas en la trinchera de C.U. Bautizo sanguinario. A su estilo: con la cabeza del adversario en borbotones de drama escarlata

Y bajo su dogma. Ése, el espectral, el repentino. 89 minutos y 59 segundos de cigarra holgazana y sólo un segundo con el overol: cabezazo al ’90, cuando el 0-0 parecía un pacto de Tigres jugando con 10, porque Gignac estaba en la hamaca, y contra diez de Pumas, por la expulsión de Ángulo (’71)

Apareció en la única fisura de Pumas. El relámpago de un ofidio. Con el mechón untado de tinte por su estilista, aparece en el área y de un cabezazo despedaza el letargo del marcador

Y apenas entonces, a los 90 minutos, vencedores y vencidos se dieron cuenta que sí, que Gignac estaba en la cancha. Ni el VAR lo había detectado

El francés lo festeja, pero sin alardes, sin aspavientos. Bebe agua, se abraza con Edu Vargas y se funde con el hombre menos abrazable del mundo, por su temperamento de erizo, el Tuca Ferretti

Y la mejor postal es la que no existió. Esa, la que todos imaginamos, menos él. El mejor símbolo del guerrero es cuando respeta los códigos de la guerra misma

Cuando festeja ese gol 105, para ser el mejor artillero en la historia de Tigres, era de esperarse que en un acto de fanfarronería, le gritara ese gol a Tomás Boy. Que le mostrara el índice de la supremacía, especialmente tras el zafarrancho de la semana pasada

Gignac pudo pararse en el centro de la cancha de Ciudad Universitaria y levantar el pararrayos olímpico de la victoria y gritar, como lo hizo Boy: “Y soy el número uno”

Pero no lo hizo. Doble mensaje. Primero, no mancha su propia gloria con el burdo escarnio. Segundo, le avisa a Boy que no existe en su mundo

La peor muerte para el fanfarrón es morir de indiferencia. Servido Tomás, cortesía de Funerarias Gignac

¿El partido? Pumas hizo el 99.99 por ciento de los méritos para ganar el juego. Dominó, la pelota fue suya, la idea también, incluso, por momentos, cuando sólo tuvo a diez en la cancha

Pero, el futbol tiene un apartado de sadismo: Pumas tuvo ese 99.99 por ciento de merecimientos, excepto que el 0.01 por ciento se llamaba André Pierre Gignac

Y dicho está: el francés puede faltar a todas las citas, pero nunca a las citas con el destino. Puede ausentarse de todas las convocatorias que le impone la fanaticada de Tigres, pero nunca a la convocatoria de su propia historia

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